De la música británica que manejo hay un sólo grupo que se escapa de la línea melódica que podría ser identificable ante mi personalidad. Ese grupo es Pink Floyd. Pink Floyd por méritos propios y sin gustarme necesariamente podría estar aquí y no hacer más ruido. pero es más que eso. Me explico. Como datos podría destacar que es el único grupo que ha sido capaz de mantener un álbum durante más de 450 semanas en el ranking Billboard y gracias a un hit en especial: Wish you were here. El juicio más grande por derechos de canciones y la marca en sí ha sido el que ellos protagonizaron en 1983. Una batalla musical en que las canciones se compartieron y la marca se la llevó Gilmour y sus secuaces ante un frustrado, pero no oprimido, Roger Waters. Y para qué hablar del producto. Las canciones de Pink Floyd son himnos rodantes en cualquier aspecto: Learning to Fly, Money, Time, In the Flesh, Run like Hell, etc. Excelentes en sus arpegios y más aún en sonidos nobles que perfectamente podrían haber sido uno de los pilares de la música. El problema es que su genuidad ha sido tan compleja que practicamente nadie los ha podido seguir en su línea musical. Porque Pink Floyd hace sinfonías mezcladas con poemas, óperas, libros actuados con banda sonora. Todos sus registros son así. Las canciones de formación tradicional parecen ser pinceladas de una obra mucho mayor y que se transforman en capítulos de libros más gruesos. Pero como nada es para siempre cuando hablamos terrenalmente, el sueño se quebró. Y 2 veces. La primera fue cuando murió el genio compositor Syd Barret, pionero del grupo en sus primeras jugadas y decidor del estilo Floyd. El segundo quiebre llega de la mano de Gilmour y Waters, compositores principales ante la batalla legal del '83. Y recién aquí y ahora me doy cuenta de que Pink Floyd es Roger Waters hoy en día. Todos merecen la mejor de mis reverencias, pero las canciones son de Waters. Y esto no es por despecho. Es algo que sólo la conexión con el alma puede explicar. El fin de semana escuché a Roger en un concierto por la radio. Me descompuse casi hasta las lágrimas cuando noté su interpretación de Wish you were here. Tanto se ha especulado de esa canción y ellos siempre dijeron que era para el desaparecido Syd. Roger se la canta a él y en cada espacio recuerda por qué la está cantando y que es lo que quiere lograr. Desde el alma. Welcome to the Machine deja claras evidencias de la máquina que vive en el sistema que ya en los '70 se asomaba como una amenaza consumista y Mother es la insistencia de Waters en lograr la independencia pura del estado de control que recibimos de todos. ¿Alguna vez te has sentido agobiado? Waters absolutamente. Todos estos sentimientos a los cuales yo personalmente me he referido en mi blog personal, Waters los plasma en música fina y armónica dejándonos ver que hay un mañana mejor y que la esperanza juega a nuestro favor. Gilmour y compañía: un aplauso de pie. Waters: ¡te pasaste!jueves, 20 de marzo de 2008
La dimensión alternativa: un hallazgo, un baluarte
De la música británica que manejo hay un sólo grupo que se escapa de la línea melódica que podría ser identificable ante mi personalidad. Ese grupo es Pink Floyd. Pink Floyd por méritos propios y sin gustarme necesariamente podría estar aquí y no hacer más ruido. pero es más que eso. Me explico. Como datos podría destacar que es el único grupo que ha sido capaz de mantener un álbum durante más de 450 semanas en el ranking Billboard y gracias a un hit en especial: Wish you were here. El juicio más grande por derechos de canciones y la marca en sí ha sido el que ellos protagonizaron en 1983. Una batalla musical en que las canciones se compartieron y la marca se la llevó Gilmour y sus secuaces ante un frustrado, pero no oprimido, Roger Waters. Y para qué hablar del producto. Las canciones de Pink Floyd son himnos rodantes en cualquier aspecto: Learning to Fly, Money, Time, In the Flesh, Run like Hell, etc. Excelentes en sus arpegios y más aún en sonidos nobles que perfectamente podrían haber sido uno de los pilares de la música. El problema es que su genuidad ha sido tan compleja que practicamente nadie los ha podido seguir en su línea musical. Porque Pink Floyd hace sinfonías mezcladas con poemas, óperas, libros actuados con banda sonora. Todos sus registros son así. Las canciones de formación tradicional parecen ser pinceladas de una obra mucho mayor y que se transforman en capítulos de libros más gruesos. Pero como nada es para siempre cuando hablamos terrenalmente, el sueño se quebró. Y 2 veces. La primera fue cuando murió el genio compositor Syd Barret, pionero del grupo en sus primeras jugadas y decidor del estilo Floyd. El segundo quiebre llega de la mano de Gilmour y Waters, compositores principales ante la batalla legal del '83. Y recién aquí y ahora me doy cuenta de que Pink Floyd es Roger Waters hoy en día. Todos merecen la mejor de mis reverencias, pero las canciones son de Waters. Y esto no es por despecho. Es algo que sólo la conexión con el alma puede explicar. El fin de semana escuché a Roger en un concierto por la radio. Me descompuse casi hasta las lágrimas cuando noté su interpretación de Wish you were here. Tanto se ha especulado de esa canción y ellos siempre dijeron que era para el desaparecido Syd. Roger se la canta a él y en cada espacio recuerda por qué la está cantando y que es lo que quiere lograr. Desde el alma. Welcome to the Machine deja claras evidencias de la máquina que vive en el sistema que ya en los '70 se asomaba como una amenaza consumista y Mother es la insistencia de Waters en lograr la independencia pura del estado de control que recibimos de todos. ¿Alguna vez te has sentido agobiado? Waters absolutamente. Todos estos sentimientos a los cuales yo personalmente me he referido en mi blog personal, Waters los plasma en música fina y armónica dejándonos ver que hay un mañana mejor y que la esperanza juega a nuestro favor. Gilmour y compañía: un aplauso de pie. Waters: ¡te pasaste!