
Tenía una deuda con Morrison y creo ya la he saldado. Cuando fue todo el boom a comienzos de los '90 con la película de The Doors y los cines chilenos se llenaban de volados y universitarios desastrados encontrándose consigo mismo a través de la biografía de Oliver Stone, yo no participé. Tal vez mi inocencia ante los porros o la no comparecencia con un rock más popero que asimilaba por esos días. Uno siempre se arrepiente de lo que pensaba. No de lo que hiciste, porque fuiste consecuente contigo en el momento. Pero sí de lo que pensabas. Sólo hice parte de mi parrila a los hits reconocidos como Light my Fire o Roadhouse Blues. Esta banda no es británica, pero suena como de allá. Led Zeppelin la cubrió en algunos de sus Medleys de Whole Lotta Love de 23 minutos y más. The Doors tiene esas cosas que ya no se ven sino en casos específicos que salen casi por década como Jack White o Chris Cornell.

Jim era un genio, C.I. en el tope superior de la escala. Dedicado a la poesía y con estudios de alta alcurnia. Tímido a tal nivel que comenzó cantando de espaldas al respetable. Sus gritos hasta hoy son los más melosos y estridentes a la vez en la cultura rock. Su vestir inconfundible ha sido seguido por muchos, igualado por pocos. Muchas féminas hasta hoy suspiran ante la imagen de este front man sabiendo tocar como instrumento nada más que sus cuerdas vocales. Pero la magia venía de 4. Al teclado había otro genio con reminiscencias de música clásica y al parecer más tímido que Jim. Este era el motor de composición e interpretación en los Doors. El McCartney del grupo. Manzarek tocaba el teclado (o toca - incluso hace un par de años lo desprecié en su paso por La Batuta sin mi asistencia). El teclado habitualmente funciona para acompañar con efectos o acople en canciones de larga duración o sonido popero incontrolable. Acá, en The Doors, es el instrumento principal - a la par con la voz. Robbie Krieger está en la guitarra. Siempre la encontré sencilla. Hasta ahora. El guitarrista es de mucha cuerda al aire, lo que significa que sus dedos funcionan como araña en establo. Seguramente, a mi gusto, top 5 histórico, muy cercano al flamenco. Finalmente el baterista John Densmore, jazzista neto, podría haber sido una infusión entre Bonham y Ringo, lo más simple pero eficaz que he percibido.

The Doors es un grupo de aventura, ese que te acompaña cuando pasan cosas, ideal para viajes y descubrimientos. The Doors forma parte de las bandas de la música precisa, la que uno oye cuando 'es el momento'. Muchos rituales en sus letras y sonidos, especulación sobre el escenario, actos inconfundibles de rebeldía para algunos - yo creo que la euforia copa el cuerpo y debe salir por algún lado cuando se trabaja cerca de lo divino. Y eso se siente. Jim muere y la banda se acaba. Hoy en día ya el público perdió con la batalla legal (lucha inminente de poderes) en que no se puede seguir ocupando el nombre de la banda sin el consentimiento de todos sus vivos integrantes o quien los represente. Pero la vida se abre paso y este jueves 13/12/07 se presenta en Chile The Soft Parade Band (banda tributo) que incluye el concierto en igual maqueta cuando a Morrison la policía lo ficho como un delincuente más. Not to touch the Earth, not to see the Sun. Al final triunfó el amor, lejos lo que mantenía a la banda viva y eso lo reflejaba Jim en sus interpretaciones sin hacerse cargo de los egos de sus compañeros (excluyendo a Manzarek). The Doors es uno de esos grupos que uno quiere volver a oír una y otra vez: después de, antes de y en vez de...
A veces , cuando escucho el comienzo de Roadhouse Blues y el maestro de ceremonias anuncia: 'Ladies and Gentlemen, from Los Angeles - California: The Doors!', llego a pensar que es un pueblo cerca de Bristol, entre Liverpool y Londres que se robaron los norteamericanos. Sólo la música puede lograr algo así.