miércoles, 26 de diciembre de 2007

El mejor vocalista de la década

Nunca había visto una megaestrella. O sea, tal vez lo he hecho. Y varias veces, pero nunca una que estuviera en el peak del peak. El lunes 10 de diciembre lo cumplí. Salía al escenario en Espacio Riesco Chris Cornell con una sarta de hits a los cuales no había puesto más atención que en la radio. Sin embargo, más menos sabía a lo que entraba; pero nunca pensé que sería tanto. Nunca me gustó mucho el grunge. Bueno, Cornell está un peldaño más arriba. Su mezcla de gente invocaba a tipos de grupos como Rage Against the Machine en Audioslave. Nunca tuve afinidad con Rage, pero Audioslave siempre me llamó la atención. Sólo me faltaba darle la oportunidad. Y cuando Cornell aparece solista en escena, la ocasión se cumple. Himno tras himno, la crudeza de una calidad magnánima en cada canción (sin necesariamente gustarme del todo) hacen que deba rendirme ante el baluarte Cornell y olvidar que en Espacio Riesco nada suena bien. Cornell sonó bastante aceptable. El tipo saca éxitos como quien se cambia de ropa y es seco en la voz. Seco seco. Tonos altos, bajos, arrastrados, lo que sea. Tiene que agradecerle mucho a Led Zeppelin. Tres covers le dedicó en vivo. En algo nos sacará de tono, pensé. Billie Jean de Michael Jackson fue su respuesta. Me bajé una retrospectiva de su carrera donde pasa por Soundgarden, Audioslave, Temple of the Dog y sus solos históricos. Enganchado de su unplugged en Suecia caí rendido a un gritón pero entonado Blackhole Sun. El concierto terminó aquella vez después de 2 horas y 50 minutos de canciones en que la gente coreaba cada tema como si fuese el mejor. La banda se mostraba a torso desnudo como los mejores rockeros setenteros en boga. Y el espectáculo era poderoso. Cornell lucía como un superhéroe sobre la batería, tal cual lo hiciera otrora Freddy Mercury. Y en cualquier nivel espiritual se puede estar bien, es lo que me demostró. Las canciones de Cornell redundan en un tipo sumiso, fuerte y apesadumbrado a la vez, golpeado por relaciones incomprendidas, resignado ante amarguras y rebelde sin sacar la voz, sino guardando su sensibilidad para otras ocasiones que jamás llegarán. Es decir, sensible, pero abnegado. Haz tus cosas, mira que yo estaré esperándote quietecito como una piedra. Te estaré aguardando para que pongas tus brazos sobre mi amor. Sólo quiero que seas tú y no lo que crees que yo quiera seas. Frases que abundan en la perdición de un corazón que cree que para ser feliz hay que aprender a dar. Y eso no funciona así. Bien contigo mismo para estar bien con el resto. A estas alturas Cornell debe saberlo, pero hay un montón de tipos (dentro de los que me incluyo alguna vez estuve) que se sienten bien en esa parada que lamentablemente no deja ser feliz, sino con suerte regalar algo de felicidad. Cornell supo reflejar esa veta de tristeza disfrazada. Y funciona. Tanto así que es agradable verlo sufrir con violencia mal conducida. Y eso tiene mucho poder. A ti Cornell, un tremendo puño en alza y que no baje. Esos hitazos refrescan estos días de calor intenso en que bien viene una cerveza de un duro que se lamenta en silencio.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Si se limpiaran las puertas de percepción, todo aparecería ante el hombre tal cual es: ¡infinito!

Tenía una deuda con Morrison y creo ya la he saldado. Cuando fue todo el boom a comienzos de los '90 con la película de The Doors y los cines chilenos se llenaban de volados y universitarios desastrados encontrándose consigo mismo a través de la biografía de Oliver Stone, yo no participé. Tal vez mi inocencia ante los porros o la no comparecencia con un rock más popero que asimilaba por esos días. Uno siempre se arrepiente de lo que pensaba. No de lo que hiciste, porque fuiste consecuente contigo en el momento. Pero sí de lo que pensabas. Sólo hice parte de mi parrila a los hits reconocidos como Light my Fire o Roadhouse Blues. Esta banda no es británica, pero suena como de allá. Led Zeppelin la cubrió en algunos de sus Medleys de Whole Lotta Love de 23 minutos y más. The Doors tiene esas cosas que ya no se ven sino en casos específicos que salen casi por década como Jack White o Chris Cornell.

Jim era un genio, C.I. en el tope superior de la escala. Dedicado a la poesía y con estudios de alta alcurnia. Tímido a tal nivel que comenzó cantando de espaldas al respetable. Sus gritos hasta hoy son los más melosos y estridentes a la vez en la cultura rock. Su vestir inconfundible ha sido seguido por muchos, igualado por pocos. Muchas féminas hasta hoy suspiran ante la imagen de este front man sabiendo tocar como instrumento nada más que sus cuerdas vocales. Pero la magia venía de 4. Al teclado había otro genio con reminiscencias de música clásica y al parecer más tímido que Jim. Este era el motor de composición e interpretación en los Doors. El McCartney del grupo. Manzarek tocaba el teclado (o toca - incluso hace un par de años lo desprecié en su paso por La Batuta sin mi asistencia). El teclado habitualmente funciona para acompañar con efectos o acople en canciones de larga duración o sonido popero incontrolable. Acá, en The Doors, es el instrumento principal - a la par con la voz. Robbie Krieger está en la guitarra. Siempre la encontré sencilla. Hasta ahora. El guitarrista es de mucha cuerda al aire, lo que significa que sus dedos funcionan como araña en establo. Seguramente, a mi gusto, top 5 histórico, muy cercano al flamenco. Finalmente el baterista John Densmore, jazzista neto, podría haber sido una infusión entre Bonham y Ringo, lo más simple pero eficaz que he percibido.

The Doors es un grupo de aventura, ese que te acompaña cuando pasan cosas, ideal para viajes y descubrimientos. The Doors forma parte de las bandas de la música precisa, la que uno oye cuando 'es el momento'. Muchos rituales en sus letras y sonidos, especulación sobre el escenario, actos inconfundibles de rebeldía para algunos - yo creo que la euforia copa el cuerpo y debe salir por algún lado cuando se trabaja cerca de lo divino. Y eso se siente. Jim muere y la banda se acaba. Hoy en día ya el público perdió con la batalla legal (lucha inminente de poderes) en que no se puede seguir ocupando el nombre de la banda sin el consentimiento de todos sus vivos integrantes o quien los represente. Pero la vida se abre paso y este jueves 13/12/07 se presenta en Chile The Soft Parade Band (banda tributo) que incluye el concierto en igual maqueta cuando a Morrison la policía lo ficho como un delincuente más. Not to touch the Earth, not to see the Sun. Al final triunfó el amor, lejos lo que mantenía a la banda viva y eso lo reflejaba Jim en sus interpretaciones sin hacerse cargo de los egos de sus compañeros (excluyendo a Manzarek). The Doors es uno de esos grupos que uno quiere volver a oír una y otra vez: después de, antes de y en vez de...

A veces , cuando escucho el comienzo de Roadhouse Blues y el maestro de ceremonias anuncia: 'Ladies and Gentlemen, from Los Angeles - California: The Doors!', llego a pensar que es un pueblo cerca de Bristol, entre Liverpool y Londres que se robaron los norteamericanos. Sólo la música puede lograr algo así.

jueves, 6 de diciembre de 2007

Ganarle a la Vida - Dolores & the Cranberries

Este grupo está mal llamado. Debiera ser como lo muestra mi título: Dolores & the Cranberries. El problema es que los Cranberries fueron primeros. Personalmente este grupo no me mata. Nunca lo hizo. Sin embargo, siempre me provocó paz al ritmo de un rock muy, pero muy estilizado. Tanto que era para andrógenos o personajes asexuados con intención de conectarse con su felicidad. Y nada más. Cranberries a fines de los '80 / comienzos de los '90 buscaba vocalista. Ojalá un hombre. Dolores, por su parte, gustaba de cantar en iglesias y conventos para mitigar lo crudo de su vida hasta dicho momento. No tengo idea de los detalles de tal crudeza. Tal vez estén en Wikipedia, pero lo mejor es dejar el morbo e ir por esta bella historia. Un amigo convenció a Dolores de que audicionara para Cranberries. Contra viento, marea y pesares del grupo para con un vocalista femenino; Dolores pasó a la instancia final. Cranberries solicitó a cada finalista que preparase un tema de su autoría y lo interpretara para ellos. Aquella interpretación que resultase más ad-hoc para los miembros, sería la que definiría al escogido. Dolores ya tenía su solución, de hecho la venía cantando hace años. A mi juicio, hay minas que parecen un bombón haciendo música. Ser fémina en un grupo de rock mata sin dolor. Es una combinación fatal. Dolores no mata, Dolores no seduce, Dolores no se centra en sí. Dolores deja espacio para la música y te aniquila, te pulveriza con su belleza. No es perfecta, pero sus imperfecciones la hacen ideal. Una heroína. De Cranberries no tengo canciones favoritas, hasta las más rockeras me producen calma. Salvation o Promises hacen que Dolores agite sus caderas con un fino shake que me emboba. La canción que Dolores interpretó para ser la escogida fue Linger - tal vez el mayor éxito (a la par con Dreams) que Cranberries pudo conseguir. De ahí en más, Cranberries recorrió el mundo y se transformó en una superbanda. Dolores dejó su tristeza de infancia y ahora sonríe ante cualquier flash. A mediados de los '90 apoyó a Pavarotti con el 'Ave María' en el clásico italiano de Pavarotti & Friends. Los videos de Cranberries se notan irlandeses, pero siempre con alegría melancólica, esa que hace meditar y que la música comprende mejor que el pensamiento. Esta no es música de radio, tampoco de discografía personal, es música que tiene que estar no más. Cranberries es de esas bandas que vienen del Reino (des)Unido y que llegaron para cambiar la velocidad de giro de la Tierra. Tal vez las gracias deban ir a Dios por dejarnos probar un poco de Cranberries.