
Muchos lo asocian directamente con Los Tr3s y eso sería. Álvaro es mucho más que eso. Álvaro fue un tipo capaz de ganarle a las estadísticas y ser el 1 en 1 millón de quienes lo lograrían viviendo de la música, tal como su profesora se lo advirtió en el Alianza Francesa de Concepción. Tal como Madonna, su objetivo estaba claro desde pequeño. Pero he aprendido que tener objetivos no es nada, absolutamente nada sin un propósito, que es la verdadera carne por la cual se cumplen los objetivos. Y eso es lo más loable que posee Álvaro, su propósito medible y cumplido hace ya un buen rato y con creces. Hagamos historia. Hacia comienzos de los '90s todos comenzamos a escuchar a los penquistas que venían a ocupar el sitial de los ya venido a menos Prisioneros y que aparecían como un buen reemplazo de tales baluartes sin ser más que ellos y con un largo camino por andar. Me refiero a Los Tr3s. Sin embargo la historia se enriela aún antes. Álvaro se traslada a Santiago sin dejar jamás de ser un penquista orgulloso y se aloja junto a Boris Quercia en una casa tipo residencial de Bellavista. Ahí se une a don Roberto Parra para darle forma a la música incidental de la prestigiosa obra 'La Negra Ester'. Recorrió el mundo junto a Cuti Aste haciéndose de una especie de MBA o postgrado musical ante lo ya alcanzado en su tocatas de colegio. Y se gradúa desde la calle. Sus acompañantes en Los Tr3s son músicos de vasto aprendizaje innegable: Titae desde un conservatorio europeo, Parra de una familia de músicos en que su posible no acercamiento a ese arte hubiese sido una herejía y Molina que terminó tocando Jazz en Nueva York, algo así como venderle arena a los irakíes. Y Álvaro sin estudios firmados los lidera, los ordena, establece políticas, compone y crea. Es el mejor del grupo, el más completo. Los Tr3s además aparecen en un momento en que un grupo tan potente como La Ley entra en escena. Pero Álvaro tiene algo que es menos glamoroso que La Ley y que él cree que a largo plazo puede ser 100 mil veces más que aquel competidor. Ya veremos. La Ley podría haber sido un grupo francés o asiático y le hubiese ido bien igual.

Había un asunto de música pura y buenas canciones. Nada más (como si fuera poco). Y Álvaro se la juega y comienza a escribir un nexo entre la juventud y la música de porquería que no prendía a nadie y que no pasaba más allá de grupos pacatos como Los Quincheros o Gloria Simonetti que nos enseñaban en los colegios. Álvaro rescata primero la figura de un prócer al cual hoy ya se le atribuye el ritmo de foxtrot con sabor a folk y que pocos lo saben reproducir con guitarra de palo. Álvaro aprendió del sensei en persona - de don Roberto Parra. Y no fue exigente, sino más bien un placer. Tanto así que hubo carretes que se daban en los viajes de 'La Negra Ester' en que don Roberto se bajaba en países de escala de sus vuelos y se quedaba ahí sin un peso y sin identificaciones. De tránsito en el aeropuerto durmiendo la resaca. De antología para cualquier bohemio. Y la gente comenzó a quererlo tanto como el mismo Álvaro. Hoy ya don Roberto es un RockStar reconocido. Curiosamente Jack White hizo algo parecido a Álvaro en este sentido, pero eso es historia para otra semblanza. Luego de haber logrado la cercanía de la juventud con el folklore, se embarcó en 2 proyectos grandísimos: la Yein Fonda (una fonda típica con una pata en un concierto de rock y otra en una fonda) y el introducir las cuecas bravas (lo cual terminó haciendo que Daniel Muñoz - el Malo - terminará formando un grupo descubriendo que eso era para lo que él estaba hecho). Y hoy la Yein es una institución y las cuecas bravas son mucho mejores en las fiestas que las cuecas tradicionales (La Consentida, por ejemplo, a pesar de lo hermosa que es aquella canción). Y todo esto se acompaña de un vuelco de las radios de la música en inglés hacia lo chileno y de dar cobertura a todos los grupos nacionales que aprovechan de hacer cuña de su acercamiento con el folklore y de incluso mezclarlo elegantemente con el brit-rock como lo hicieron más tarde Los Bunkers, Canal Magdalena o Sinergia logrando hacerse de audiencias curiosas y sedientas de cultura y novedades. Pero esto no termina ahí, Álvaro aprovecha el renacer de la nueva ola para hacer reaparecer a Los Jaivas y ponerlos en el sitial de Héroes (con el mejor baterista del mundo a su haber), a Buddy Richards clásico de programas de mediodía o sábados en la tarde y a Los Ángeles Negros siguiendo el camino emprendido por Jorge González, entre varios otros (contemos al Pollo Fuentes, a Inti Illimani, etc...).

Por todo lo descrito creo que fue lo más justificado del mundo y la mejor elección posiblemente hecha cuando para la primera y única entrega de los Rock and Pop Aguards el 2005, la entrega del premio al mejor de los mejores esa noche cayó en la responsabilidad del mejor referente de música chilena-pop-rock-folk-etc. que tenemos: Mr. Álvaro Henríquez. Lo mismo había sucedido en los MTV Awards de Aniversario numérico ese mismo año y que había llamado a McCartney para entregar el premio. ¿Quién gano? Ni me acuerdo, pero la aparición de Álvaro quedó grabada en mi retina. Podría escribir mucho más de su coqueteo con Café Tacvba, de sus amores y desamores, de las fiestas de la chilenidad que patrocinó, de su paso por Petinellis y su carrera solista, de su actitud guerrillera como Prisionero y su tributo a Concepción, de sus Paraguayan Tropics, de su retorno a Los Tr3s, de sus colaboraciones con otros músicos, de su frenesí sobre el escenario; pero creo es suficiente, la descripción no alcanza para alguien que ha hecho tanto por un asunto noble. Álvaro, un orgullo tenerte cerca. Si hasta sufrimos la misma debacle vecinal entre el siquiátrico, el circo y la cárcel. Un abrazo.