
Ian Curtis es sin lugar a dudas el front-man más piola de los grupos que me gustan. Dirige a un grupo como Joy Division como el anti líder: alguien que no está cuando se le requiere , que no está para apaciguar los ánimos cuando se le cree necesitar, alguien que no existe cuando debiera; pero le mostraba claramente el camino a su grupo con sonidos nuevos para su época como Kraftwerk, le puso el nombre final al grupo y a todos les calzó porque Ian notó que nadie tenía una historia feliz dentro de ese círculo.

Ian captó que su baterista, el supuesto dueño del ritmo de la banda, no daba el ancho con el resto de los integrantes y le sugirió ser productor un día antes de su debut luego de haberse inspirado en el mítico concierto de Sex Pistols precediendo a grupos como Buzzcocks y Penetration. Ian es una leyenda del anti rock-star que llegó a ser más grande muerto que en vida. El tipo sufría de depresión endógena por todo lo que conformó su vida entera. Vivió entre pobreza en una zona donde se expropiaron los sitios para hacer una planta de químicos - entonces no había reminiscencias de su infancia, al igual que para el resto de los partners. Ian padecía de una epilepsia que lo superaba y eso ocurría hasta en conciertos. En una ocasión llegó a derribar la batería sin poder controlarlo. Luego de ello, para la próxima venia se autoexiliaría de la presentación y disfrutaría de lo que pudo haber sido una masacre LIVE por su ausencia, todo presenciado desde el backstage. En ese momento Ian empezó a sentir la culpabilidad de existir y la noticia de saber que tocaría en Estados Unidos en una gira extraordinaria y que podría padecer de sus ataques, fue algo que no pudo soportar. En su habitación, luego de una épica película, puso a Iggy Pop de fondo con el disco The Idiot y se quitó la vida en un efectivo ahorcamiento - efectivo porque ya había intentado el suicidio en 2 ocasiones anteriores. La banda dejó sólo 2 registros que escribirían parte de la historia para bandas como The Cure, Siouxsie o hasta los mismos Pistols y de estos registros se rescata el himno dark 'Love will tear us apart a

gain' y clásicos espectaculares como 'Transmission' o 'Shadow Play'. Joy Division abrió la serie de tocatas en vivo en la mítica Factory que dio origen al sello mítico de Tony Wilson, el pionero de este blog. Ver a Ian bailar era un espectáculo. Nadie lo hacía como él, tieso a reventar; pero sus compañeros en vez de guiarse con la batería o los rasgueos de guitarra, observaban su cuerpo y mantenían el ritmo. Banda solidaria con su público, Joy Division fue una de las primeras bandas en subir a personajes locales comunes sin nombre ni apellido reconocido a corear sus canciones sin una pizca de recelo, todo era una fiesta. La banda encontraba su alegría en vivo, mientras la música estuviera sonando. Esos eran los momentos en que sonreían. Una puesta en escena simple y potente. Un público fiel a su simpleza y cómodo con la imagen. A fines de los '70s no había mucho de qué reirse. Se acaba de estrenar
Control en Cannes, la triste puesta en pantalla de la historia de uno de los baluartes por derecho propio y que tal vez sólo ahora después de 30 años se esté revolcando en su tumba por estar siendo agitado frecuentemente. Ian, lamentablemente te lo merecías, eras fantástico.