
George es el más cotizado musicalmente por los músicos que adulan a los Beatles. Seguramente porque es muy difícil 'ser' Lennon, considerando su actitud, su forma compleja de pensar y razonar. ¿Para qué hablar de 'ser' McCartney? Muy pocos poseen esa capacidad de composición exquisita con el nivel imaginativo de crear una ópera rock tras otra. Entonces, ¿qué queda? Ringo es terrenal y Harrison es el semidios restante. Sin muchos compromisos, con buena historia.

Es un peso más liviano de cargar. Harrison debuta en la voz con composición propia en el álbum
A hard Day's Night en el track 4: 'I'm so happy just to dance with you'. John y Paul se miraron y dijeron: "Misch, le pega el socito este". Y de ahí en más aparecía 2 a 3 veces por álbum y cada una de sus canciones se transformó en una delicatessen. Se adjudica complicados y deliciosos solos de guitarra en
While My Guitar gently weeps y LA balada de la historia según Frank Sinatra (lamentablemente anunciada por el americano como su composición Lennon/McCartney favorita) -
Something, aparte del registro sin explicación justa sobre
Taxman (¿será por el tongo ante la supuesta muerte de McCartney o simplemente a la lata de pagar impuestos?). Harrison se separa y es el que sigue la carrera más interesante y quitada de bulla de los Fab 4. Se une a Elton John, Dylan y Clapton en colaboraciones de grandes canciones; pero es el proyecto junto a Tom Petty, Roy Orbison y Jeff Lynn el que obtiene los más grandes elogios: Travelin' Wilburys

. Harrison despliega su más armoniosa y rockera guitarra en pro de los avances de este grupo. ¡Impecable! Muere en 2001 producto de un cáncer al pulmón que combatía hace años, pero que había hecho metástasis al cerebro. Con su deceso genera uno de los más hermosos tributos que se le haya prestado a algún ídolo del rock alguna vez. El concierto está en disquerías. Es fabuloso, aparecen todos sus amigos y vínculos a la música (desde la India hasta Sir Paul) y tiene anécdotas muy buenas como la aparición del hijo de George - Dhani, apuntado como su encarnación absoluta y tocando junto a Eric Clapton (McCartney luego diría: "que suerte la de George, mientras todos nosotros envejecíamos, a él la vida le pasó por el lado" - en referencia al parecido de Dhani ante su padre). Harrison dedicó su vida a Dios, lo que dejó plasmado en una de las canciones más grandes escritas como es el caso de
MySweet Lord, logrando en dos épocas distintas (1970 y 2001) el #1 en Estados Unidos y Gran Bretaña al mismo tiempo. Además la canción pertenece al álbum
All Things Must Pass, primer álbum triple en la historia de la música. Nunca temió a la muerte y siempre indicó que lo único que no podía esperar era el llamado religioso por excelencia: "Amaos los unos a los otros". Es el guitarrista #21 en la lista de los mejores de todos los tiempos. Como se aprecia, George no era un exaltado, no fue un bohemio, no fue un obsesionado, simplemente disfrutó. Y eso, que es muy de la esencia de los mejores años de los Beatles, es algo que bastó y sobró para que todos quiseran ser Harrison. Hasta el día de hoy.