martes, 5 de agosto de 2008

Mi nueva banda favorita: The Hives

Ser un Hive debe ser sencillamente un regalo divino. Esta banda tiene casi todos los componentes para ser una mega banda (lamentablemente no califica por ser suiza, pero bueno...). Vocalista histriónico. 2 guitarristas de patas abiertas y sudados hasta las rodillas. Baterista imparable. Bajista demasiado fuerte. + un flautista, un zambomba y un socorrista (vaya a saber uno). Y juntos suman como nueve. He leído que en sus shows paran de tocar y quedan inmóviles durante 90 segundos. Sin moverse en absoluto. De más está decir que cuando vuelven todo explota como si hubiese que partir de nuevo. Desafiar al ridículo y salir excelentemente bien parado, gritar hasta perder el sonido normal de la voz, enrronchar los dedos de tanto rasgar los instrumentos. No sé qué más decir. Esta es una banda de culto. Está claro que rayan en lo punketa y es muy fácil que la mamá de uno pase cerca y diga frases como: ¡Ya está escuchando eso de nuevo!, ¡Bájale a ese tarro! o ¡Apaga esa mielda ya! Sorry mamá, a esto no se le puede bajar. Aunque suene despacio está fuerte. Aunque sea un lento va a sonar a rápido. The Hives aparece en escena el '93 y pasa a ser el referente de Arctic Monkeys o The Strokes al otro lado del charco. Y no necesariamente por su sonido, más bien por su estética integral. Son algo así como los Happy Mondays contemporáneos. Nadie querría devolver la plata de uno de sus conciertos, luego de saber lo que vivirán. Tick Tick Tick suena el comienzo de su estrellato hasta que todo truena en un magnánimo Boom. Luego pasamos por las conocidas en que destaca Hate To Say I Told You So (el bicos ai guana que todos conocen) y retornan al escenario en un primer bis con Here we go, Again. Yo me anoto. The Hives compone harto, pero suena poco en la oreja del pop normal latino, lo cual significa que es probable que derive a otros mercados o dejemos de escuchar de ellos por un fenómeno inverso a la osmosis.